
Canción
de Mari Trapu
Corría el año 1214
cuando Sancho el Sabio era rey. La situación que vivía
Iruñea no era nada tranquila. El rey miraba con buenos ojos
el barrio de San Cernin donde los habitantes eran francos y hablaban
Occitano. Sancho El Sabio prohibió a los habitantes de la
Navarreria, y a los de San Nicolás la construcción
de una muralla. El jefe de la Navarrería era Johannes, un
herrero que había viajado mucho y poseía una gran
inteligencia. Tenía también seis compañeros
de trabajo muy especiales. El decía que eran seis duendes.
Yo no diré que es mentira.
Un mal día, los francos
decidieron atacar la Navarrería, le prendieron fuego y la
dejaron convertida en escombros.
Entre las ruinas y llamas había una niña,
se llamaba Aratz y era la hija de Johannes. Buscaba entre las llamas
a su aita pero no aparecía por ningún sitio. De los
pómulos de Aratz resbalaban las lágrimas, hasta que
una de ellas, aterrizó en su camino al suelo en el anillo
de madera que el herrero le había regalado. Y hete aquí
que los seis duendes aparecen ante los ojos asombrados de Aratz...
-¿Escuchad, queridos amigos, tenéis
noticias del aita?
-No, querida Aratz, Nosotros podemos realizar cualquier trabajo,
bien lo sabes. Pero de lo que ocurre fuera de estas murallas no
sabemos nada. Existe un gran mago, el Mago del monte Ezkaba, que
te podrá dar noticias de lo ocurrido. Si así lo quieres
te podemos llevar hasta donde vive.
Dicho y hecho, los duendes partieron volando junto
a Aratz, hasta depositarla frente a un mago moreno de ojos verdes.
El misterioso personaje le dio noticias de una malvada mujer de
extraordinaria crueldad y valor, que, al frente de los guerreros
francos, se había encargado de acabar con Johannes. Pero
la información del Mago no quedó sólo en eso,
con voz suave y firme, el mago le susurró la manera de liberar
a su pueblo.
Contentos y tristes a la vez, los duendes y Aratz
regresaron a Iruña con un plan que llevar a cabo. En breve
se celebraría la FIESTA DE LOS TRAPOS VIEJOS, bien abastecida
de comida y musica, convirtiéndose Aratz en MARI-TRAPU, la
capitana de la celebración. Sería una fiesta sin gente,
sólo con trapos que simularan ser personas, y el lugar elegido
era el campo que separaba a la Navarrería de la torre de
San Cernin.
Así habló Aratz aquella noche a su gente:
-¡No tengáis miedo! Desde hoy me llamaréis
MARI-TRAPU, aunque siempre seré para vosotros la pequeña
hija de Johannes. No estamos vencidos, cojamos nuestras herramientas
y reconstruyamos nuestro pueblo.
Y acto seguido les explicó el plan...
Así fue como los francos, extrañados ante las canciones
y gritos de alegría de un pueblo recién arrasado,
salieron desconfiados de su torre, encontrándose con un gentío
...de trapos viejos. Y así fue como el pueblo de Aratz, consiguió
llegar a la torre tomándola sin problemas, y prendiéndole
fuego. Los francos, sin torre y sin su malvada dama negra, asustados
ante aquella fiesta de espectros, huyeron despavoridos.
Y es por eso, gentes curiosas que escucháis
atentas, por lo que quemamos a MARIA-TRAPO, la muñeca que
simboliza lo malvado y lo perverso, y es por eso que MARI-TRAPU
disfruta en estas fechas de su más querida fiesta: el carnaval.