
El 4 de octubre de 2006 se cumplieron
cinco años del apuñalamiento de Antonio Pérez
Guerra, propietario del bar Aldapa, quien falleció dos días
después a causa de las heridas que le provocó un drogadicto
mientras regentaba su local. Este trágico hecho marcó
un antes y un después en Navarerría. La respuesta
vecinal de rechazo fue inmediata y total, pero no se cincunscribió
a los días posteriores al asesinato, sino que ha tenido su
prolongación a lo largo de este lustro.
Una improvisada asamblea de los residentes de Navarrería
y de las calles adyacentes fue el germen del colectivo Zurriburbu,
que desde entonces ha trabajado de forma altruista para erradicar
el clima de inseguridad que se respiraba en el barrio. El objetivo:
lograr recuperar el clima de convivencia
que siempre ha carecterizado a esta zona del Casco Viejo.
Ferias de artesanía, conciertos para jóvenes,
actividades para los más pequeños y, en los últimos
tiempos, actos de integración de la población inmigrante,
entre los que destaca la jornada Arroces del Mundo , han contribuido
a que Navarerría vuelva a caracterizarse por la cercanía
humana de sus habitantes y no por ser un lugar conflictivo para
vivir.
En la actualidad el trapicheo ha desaparecido casi
por completo del entorno de la emblemática fuente. Sin embargo,
se ha trasladado a zonas cercanas.
El futuro de Zurriburbu pasa por seguir impulsando
actividades de convivencia para lograr el difícil equilibrio
entre su carácter de zona céntrica y de lugar amable
para vivir.
Para lograr sus objetivos y excepción hecha
de "alguna ayuda puntual" del Ayuntamiento, no cuentan
con más medios que la autofinanción (aportaciones
de los socios, venta de mecheros etc.) y las colaboraciones desinteresadas
de numerosos comercios y bares de la zona.
Sus miembros afirman estar convencidos de que la
experiencia es exportable a otras zonas de Pamplona, para lo cual
las puertas del colectivo están abiertas a todo aquel que
quiera conocer más a fondo su trabajo.
